PON UN ASESOR EN TU VIDA

En multitud de ocasiones, los autónomos y las Pymes ven asequible el realizar ellos mismos todas las gestiones fiscales, contables e incluso laborales que toda empresa debe cumplir (y no son precisamente pocas).

Así pues, en su afán por simplificar costes, sobre todo en las fases iniciales de arranque de su actividad, autónomos y Pymes asumen la creencia de que eliminar en los primeros puestos el coste de la asesoría laboral o fiscal es una buena opción. Y si bien es de sobras conocido, aquello de “lo barato sale caro” parece obviarse en ocasiones, lo cual termina siendo un error en la inmensa mayoría de los casos: Los errores de liquidación de impuestos y de obligaciones con Hacienda y Seguridad Social se pagan muy caros y con recargos.

La asesoría laboral, fiscal o contable, es una de las relaciones que más habitualmente se subcontratan a terceros y en las que se cuenta normalmente con un profesional detrás que cumple con los requisitos de “asesorar” a su cliente en las materias que desconoce y que afectan a su negocio.

Sin querer tirarnos demasiadas flores, aquí van algunas apreciaciones sobre por qué es positivo tener un buen asesor detrás de nuestra actividad económica:

  1. ¿Cuánto vale tu tiempo?. Calcula el tiempo que tienes que destinar todos los meses a realizar las tareas que podría hacer cualquier asesoría. Sé honesto y suma en este tiempo todo el que inviertes buceando en cambios normativos y legales, el tiempo que inviertes usando software desconocido o configurando firmas electrónicas o accesos por otros sistemas a la administración electrónica, ¿sigues convencido que  ahorras dinero pero no pierdes tiempo?
  2. Errores que se pagan caro. Cuando se ve por primera vez un modelo 036 o 037 de declaración censal de alta, cumplimentarlos correctamente es todo un reto para aquellos que no son profesionales de la asesoría. La mayor parte de errores que se tienen en este modelo son errores “caros”, dado que se seleccionan obligaciones fiscales que no corresponden con la actividad real, se encuadran erróneamente las actividades o incluso se clasifica de manera errónea a efectos de IGIC la propia actividad. El coste de las sanciones por no presentar obligaciones fiscales, el encuadramiento erróneo de actividades o generación errónea de contratos laborales tiene sanciones tan importantes que pueden suponer el coste equivalente en la asesoría de uno a tres años. Por ello lo llaman la “norma del tornillo”: La importante no es saber apretar un tornillo (o cumplimentar un formulario); la clave es saber  qué tornillo hay que apretar (o qué casilla hay que marcar).
  3. Desconocimiento de la actualidad normativa. En los últimos años, los cambios normativos y legales en todos los aspectos que repercuten a la actividad económica son constantes. Raro es el mes que no hay un cambio de calado en materia de cotización, fiscal, contable…Un autónomo o gerente de la pyme normalmente no tiene tiempo    para estar completamente al día de todas las modificaciones        normativas.

Es ahí donde la figura del asesor demuestra su valor añadido, informando a sus clientes de los cambios que les afectan a ellos y haciendo ellos todas las modificaciones que sean necesarias.